
Nunca he sido fan de Tintín, justo es reconocerlo. Por eso, a pesar de que gente como Peter Jackson y Steven Spielberg estaban involucrados en el proyecto de traer al cine la versión supuestamente definitiva del reportero belga, no era algo que exacerbase mi interés. Al menos, hasta que su estreno empezó a entusiasmar a crítica y público, cosa que en general significa que hay que poner tierra de por medio con las salas más cercanas.
El argumento, a priori, no es gran cosa: Tintín (Jamie Bell), atraído por una maqueta de un antiguo barco, se ve metido sin quererlo en una aventura en la que recorrerá tierra, mar y aire para llegar al fondo (nunca mejor dicho) del misterio. Pero, ay, amigos, como el maluto de turno, un tal Sakharine (Daniel Craig), tiene el mismo interés, ya tenemos lío montado. Eso sí, el chaval del tupé rebelde no estará solo: Haddock (Andy Serkis) o Hernández (Simon Pegg) y Fernández (Nick Frost) estarán allí para echarle una mano.
Repitan conmigo: no se duda de tito Spielberg. Es pecado, delito, como quieran llamarlo. Vamos, que está feo. Una vez más, demuestra que es, si no el mejor, uno de los más grandes narradores cuando se pone tras las cámaras. A poco que le den algo de base le saca partido a cualquier historia, pero cuando tiene material, no queda otra que sacarse el sombrero.
Y esta vez lo tiene del bueno, porque los plumillas de turno son nada menos que el mitificado Steven Moffat, responsable de Doctor Who o Sherlock (obligado ver esta última, por cierto) y el no menos importante Edgar Wright, que escribió y dirigió las grandes Arma fatal y Zombies Party, protagonizadas por los antes mencionados Pegg y Frost. No es que el guión sea un alarde de novedad ni nada por el estilo, pero es brillante en su facilidad para esbozar historia y personajes con poquísimos trazos.
En cuanto a personajes, el protagonista es, que duda cabe, Tintín, que para eso su nombre aparece en el título, pero el que se va a a llevar todo el mundo a casa cuando salga de la sala es ese capitán Haddock de Serkis, que proporciona los mejores momentos de la cinta. Los mejores momentos respecto a los diálogos, ojo, porque en cuanto a secuencias de acción la cosa no se queda corta. Créanme, son muchos años viendo cine de toda clase, y les aseguro que pocas veces me habré encontrado pasajes de tal virtuosismo visual como el abordaje pirata o la persecución en sidecar.
Por supuesto, de poco servirían tan buenas intenciones si el envoltorio no estuviese a la altura, y aquí la tecnología de WETA se deja notar. Si los rasgos faciales no estuviesen exagerados y caricaturizados, habría verdaderas dificultades para distinguirlos de personas reales en ciertas ocasiones: el uncanny valley parece cada vez más cerca.
Gustará a los pequeños, gustará a los grandes, los fanáticos de Tintín disfrutarán con todas las referencias a sus aventuras en papel y los menos conocedores se lo pasarán pipa con una búsqueda que firmaría el mismísimo Indy (si no estuviese tan hecho polvo, claro está). Así que, una vez más, recuerden: no se duda de Spielberg.
Ficha en IMDb.
Web oficial.