SINOPSIS: Crudo retrato de la vejez y de la muerte. Jean-Louis Trintignant y Emmanuelle Riva encarnan a una pareja de octogenarios, que viven en París ya retirados del mundo de la música. Isabelle Huppert interpreta a la hija de ambos. El amor de la pareja se verá puesto a prueba cuando ella sufra una grave parálisis.
CRÍTICA: Al golpe de gracia después de descender a los infiernos unos lo llaman asesinato y otros eutanasia. Michael Haneke le da el titulo de Amor.
Georges (Jean-Louis Trintignant) y Anne (Emmanuelle Riva) son un matrimonio octogenario. Dos personas cultivadas, profesores de música retirados, amantes de la cultura, de la vida en general y cuyos días transcurren plácidamente en su apartamento parisino hasta que Anne es victima de un ataque cerebral.
Lo que sigue es Amor, un excelente ejercicio de cine. Una película que nos conduce angustiosamente por la enfermedad degenerativa de Anne y los lazos de amor y sufrimiento de Georges, un abnegado marido entregado a cuidarla. Toda la película respira un desesperante hermetismo que sobrecoge y nos hace revolvernos en la butaca. Y así nos vemos arrastrados al encierro de la pareja. Casi un atrincheramiento frente a la muerte que de forma muda les va aislando del mundo. Sillas de ruedas inmanejables, duchas imposibles, la pérdida del habla, el dolor. Todo huele a desnudez y verdad. Imposible no conmoverse ante esta épica lucha cotidiana contra la muerte sin mas arma que la ternura. Hasta que surge el grito de la desesperación en forma de bofetada sacudiendo al espectador y anticipándonos el final. La atrocidad. Un canto a la piedad, un último beso en forma de crimen que la historia de Michael Haneke también convierte en amor.









