Llegó al fin Lobezno a nuestras pantallas, para deleite tanto de frikis como de mozas deseosas de ver al imponente Hugh Jackman en pantalla. Las segundas no saldrán decepcionadas, seguro; con los primeros será otro cantar.

James Howlett/Logan/Lobezno (Hugh Jackman) y Victor Creed/Dientes de Sable (Liev Schrieber) son hermanos y residentes en Canadá. Juntos participan en todas las guerras habidas y por haber hasta que el gobierno estadounidense se interesa por sus “habilidades especiales”: en particular, por eso de curarse de cualquier herida. Cuando Logan acaba harto de tanta muerte y destrucción, abandona su unidad y se refugia en las Rocosas con su novia Kayla Silverfox (Lynn Collins), que acabará muerta a manos de Victor. Buscando venganza, Logan sólo podrá vencerle de una manera: sometiéndose al programa Arma X, que le hará casi indestructible.

Lo primero que salta a la vista, y lo segundo y lo tercero, es que Jackman se ha pasado bastantes más horas en el gimnasio que los guionistas delante del teclado: la suspensión de la credulidad necesaria en una película de estas características no se puede tomar como una excusa para encajar cosas a cualquier precio. Por ejemplo, y no desvelo nada que no se sepa a los cinco minutos de metraje, el verdadero padre de Logan no es John Howlett, sino el padre de Victor Creed. Entonces, ¿por qué Logan es idéntico a John y no a su padre biológico? Otra apunte: se recalca sin parar que Lobezno tiene más miedo a volar que M.A., cuando es un detalle que, contra todo pronóstico, no tendrá ninguna importancia a lo largo de la película. Otras chapuzas del guión, que ya no desvelaré, involucran cosas tan centrales para el personaje como su memoria borrada, en las que de nuevo da la impresión de que no emplearon ni dos segundos en pensarse bien una explicación coherente.

La historia, que no da ni para un folio, avanza a base de cuchilladas de Logan y de golpes de todos los colores. La pelea contra La Mole es un ejemplo perfecto de lo torpemente que se ha intentado integrar la narrración con los tortazos, acabando en un numerito medio cómico que deja a las claras que lo único que interesaba era sacar a Jackman en camiseta de tirantes el máximo tiempo posible.

Todo sea dicho, me da a mí que mucha parte de culpa está en el montaje, que a veces da el cante de mala manera. En la pelea con Gambito (Taylor Kitsch), éste recibe un codazo que le tumba al suelo en un callejón. En la siguiente escena, el tipo está corriendo como Ben Johnson por los tejados en dirección a ese callejón. Quizás yo me lo perdí y resulta que su poder no es cargar objetos con energía cinética, sino la teleportación. Es más, viendo cómo desaparece y reaparece en el tramo final de la cinta, yo diría que algo de eso hay.

Tampoco todo es malo, seamos justos. Hay secuencias de acción que no están del todo mal, aunque las peleas podían haber dado mucho más de sí. También los aficionados pueden estar atentos a los cameos de mutantes como Emma Frost o Cíclope, aunque peso en la trama, no tienen ninguno. Hablando de peso en la trama, tampoco tengo yo muy claro para qué necesitaban al Will.I.Am este en la peli, habida cuenta de que debe tener unas tres frases y sale unos dos minutos.

En fin, que mucha explosión, mucho navajazo (eso sí, nada en absoluto de sangre, que hay que llevar a los niños a ver a Lobi) y mucho adamantium, pero poquita chicha, sobre todo para tanta promoción. Veremos qué dice la taquilla. Por cierto, quédense hasta el final, que hay un par de escenas extras. O si no, no se queden: tampoco les aportará mucho.

Ficha en IMDb.

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