Tras el asombroso éxito de This is England, llega al FIC el nuevo trabajo de Shane Meadows, que en esta ocasión se limita a dirigir un guión escrito por Paul Fraser, habitual colaborador suyo.

Tomo (Thomas Turgoose), es un chaval de Nottingham, que, tras cumplir los 16 años, deja de estar bajo la tutela de los servicios sociales y decide irse a Londres. Allí conocerá a Marek (Piotr Jagiello), un adolescente polaco que vive en el barrio de Somers Town, cerca de la obra donde trabaja su padre Mariusz (Ireneusz Czop), si bien este último se pasa el día en el curro y de noche de juerga con sus amigotes. Así que Tomo y Marek se hacen amigos y acaban pasando juntos los días de un caluroso verano, mientras sueñan con la guapa María (Elisa Lasowski), una camarera francesa que es la musa de Marek, aficionado a la fotografía.

Si hay que ser sinceros, yo debo reconocer que me enteré de que Tomo tiene 16 años y viene de los servicios sociales por la sinopsis, al igual de lo del “caluroso verano”, porque Shane Meadows no tiene a bien ilustrarnos con esa información en ningún momento. Afortunadamente, como no nos hicieron ningún cuestionario a la salida, no hay mayor problema, sobre todo teniendo en cuenta que no resulta vital para la trama.

Trama que, dicho sea de paso, resulta tan sencilla que incluso en los 75 minutos escasos que dura Somers Town, Meadows se ha visto en la necesidad de meter dos montajes musicales que no son demasiado aburridos, pero que rechinan un poco sobre un conjunto que se supone rodado en blanco y negro en busca de una mayor sensación de realismo, y, por qué no, de hacernos pensar cuán fría y fea es la ciudad. Vamos, que nadie iría de visita a Londres con esta película en mente.

La forma en la que Marek y Tomo entran en contacto es, cuanto menos, peculiar, y la rapidez con la que se hacen amigos del alma es verdaderamente llamativa, lo que a mí me hace pensar que el director británico nos está presentando una especie de cuento sobre la amistad, en la que los episodios intermedios transcurridos son mero relleno hasta el encuentro con María. La camarera aparece por las buenas (y desaparece, irónicamente, a la francesa), pero es la que mueve la narración hasta un final que a mí me recordó al opening de Aquellos maravillosos años, e intuyo que también sirve para reforzar la idea de fábula londinense.

En resumen, una película muy ligera de ver (algo habrá que agradecerle a su reducido metraje), y que, a tenor de los aplausos tras acabar la proyección, gustó a la mayoría del público presente. ¿Qué mejor premio para un cineasta?

Somers Town (2008)