Shutter Island (Shutter Island, 2010)
Cosa extraña la que le ha salido a Scorsese con Shutter Island. Yo no sé si es cosa de que últimamente el montaje se carga lo que rueda, o que él no consigue transmitir lo que busca, pero al igual que con Gangs of New York, da la impresión de que a pesar de sus mastodónticos metrajes (en esta ocasión se va a casi dos horas y media) faltan cosas importantes que le den cohesión a la película.
Shutter Island, como su nombre indica, es una isla de mucho yuyu en la cual hay una institución psiquiátrica de máxima seguridad para criminales peligrosos. Aún así, los agentes judiciales Teddy Daniels (Leonardo DiCaprio) y Chuck Aules (Mark Ruffalo) son requeridos para investigar la desaparición de una paciente. Más misteriosas resultan las actitudes de los doctores Cawley (Ben Kingsley) y Naehring (Max von Sydow), que parecen poner trabas constantes a las pesquisas de los agentes. Sin duda, algo huele a podrido en Dinamarca.
Scorsese cuenta con todos los elementos necesarios para un thriller de este pelaje: una sitio aislado cuyo único acceso depende de un ferry, un año (1954) donde las cicatrices de la Segunda Guerra Mundial aún estaban demasiado recientes, unas construcciones frías y aterradoras, un intrigante enigma por resolver… Y con todo, rara vez se puede mantener constante la atención a lo que pasa en pantalla. Quizás sea porque desde el principio uno se huele que hay algo turbio en el ambiente y que de una u otra manera el pasado del protagonista va a tener un peso importante en la trama. Y con la proliferación en la última década de finales con “sorpresa”, quien más quien menos ya se hace una idea de por donde van los tiros. Tampoco es que con este planteamiento uno se esperase una resolución en plan “Luke, yo soy tu padre”, pero aún así resulta algo decepcionante.
No ayuda en demasía tampoco el que la realidad y las ensoñaciones se interrumpan constantemente, y más cuando los diálogos y la puesta en escena son tan crípticos como para sacar pocas cosas en limpio. Cierto es que los dos primeros sueños no estorban mucho, pero cuando las alucinaciones empiezan a mezclarse con la trama, ya acaba dando un poco igual lo que pase porque se tiene la impresión de que cualquier cosa vale. Con todo, Scorsese sí que es capaz de meter sus toques personales con curiosos ángulos expresionistas y algunas magníficas composiciones de planos, pero no dejan de ser “lágrimas que se pierden en la lluvia”.
DiCaprio está muy bien, como ya es habitual, y eso que hay momentos de mucha tragedia donde sería fácil caer en la sobreactuación más penosa (un saludo para Nicolas Cage), pero claro, este hombre sabe lo que hace. Lástima del doblaje. Los demás, correctos, con esos casi cameos de Jackie Earle Haley y Elias Koteas, que últimamente están en todas.
En resumen, si la ven, ármense de paciencia, sobre todo con ese clímax final que se hace tan largo y discursivo que prácticamente se convierte en uno de esos momentos Scooby Doo donde alguien tiene que explicar de palabra qué demonios hemos estado viendo durante las dos horas anteriores. Eso sí, se resarce levemente con la frase final de DiCaprio, que puede pasar desapercibida, pero que una vez reflexionada, se convierte en un puñetazo en el estómago. Y es que no estamos locos, que sabemos lo que queremos…
- Por Loberto a las 02:07 pm
- 83 Comentarios.
- Cine + Críticas + Ben Kingsley + Leonardo DiCaprio + Mark Ruffalo + Martin Scorsese + Max von Sydow + Michelle Williams + Shutter Island
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Hola, yo creo que si que está loco de verdad, porque al principio de la pelicula vio a su mujer con sangre en el incendio y no entendi entonces porque pues por eso, porque la mato el luego lo recuerda y es justo donde tenia la sangre en la barriga ahi lo teneis, luego cuando recupera un poco la cordura recuerda lo que paso si que la mato el porque no murio quemada le pego un tiro.
Lo facil seria pensar que realmente está loco, si asi fuera, Scorsese y DiCaprio no hubieran participado en este film.
Hay muchos antecedentes que contradicen su supuesta locura, pero DiCaprio se rinde, es él contra todos, no tiene escapatoria.