Título original: Knowing.
Nacionalidad: USA.
Año: 2009.
Duración: 121 min.
Dirección: Alex Proyas.
Guión: Ryne Douglas Pearson, Juliet Snowden y Stiles White; basados en una historia original de Ryne Douglas Pearson.
Intérpretes: Nicolas Cage (John Koestler), Chandler Canterbury (Caleb Koestler), Rose Byrne (Diana Wayland), Lara Robinson (Lucinda Embry/Abby Wayland).
Producción: Todd Black, Jason Blumenthal, Alex Proyas y Steve Tisch.
Música: Marco Beltrami.
Fotografía: Simon Duggan.
Montaje: Richard Learoyd.
Diseño de producción: Steven Jones-Evans.
Alex Proyas lo tuvo claro. Para protagonizar una peli de catástrofes, nada mejor que alguien que convierte en catastrófico todo lo que toca, como nuestro adorado Nicolas Cage. Estaba por ver si uno de esos directores bautizados como “visionarios” era capaz de sobreponerse a tan duro hándicap.
John Koestler (Nicolas Cage) es un profesor de astrofísica del MIT, reciéntemente viudo, que cuida de su hijo Caleb (Chandler Canterbury). Con motivo de la apertura de una “cápsula del tiempo” en el colegio de Caleb (no confundir con Kal-El), al chaval le toca un papelajo lleno de números aparentemente azarosos, aunque una mirada más en profundidad sirve para que John se convenza de que esos números indican con aterradora exactitud fecha y lugar de grandes tragedias mundiales no sólo que ya han ocurrido, sino algunas que están aún por suceder. Y lo que es peor, de alguna forma guardan relación con él y su hijo.
Hay que reconocer una habilidad en Proyas: a los diez minutos escasos de la peli, todo esto que les he contado en la sinopsis ya está meridianamente claro. Eso es aprovechar el tiempo. Así, el resto de la película consistirá en ver cómo se irán desarrollando los hechos, y ver si John consigue encontrarle el sentido a todo esto, lo que se traduce en Nicolas Cage corriendo de un lado para otro y tomando decisiones que, en el mejor de los casos, ponen en duda su inteligencia, y de vez en cuando, la del espectador.
Vale que la forma en la que Koestler se da cuenta de que hay algo raro en esos números sea un poco chapucera; e incluso vale que haya que introducir algún personaje, como el amigo de John, para que la narración avance sin que el bueno de Nick tenga que explicar las cosas mediante monólogos; pero cosas como que la mejor manera que se le ocurre a Koestler de prevenir una desgracia sea haciendo que la policía de Nueva York le persiga como a un psicópata a mí no me cuadran mucho.
De cualquier manera, Señales del futuro, a pesar de no construir demasiado bien los clímax, se deja ver hasta que llegamos a los últimos veinte minutos, que es cierto que no cogen demasiado de sorpresa, pero que dan la sensación de que los guionistas no supieron bien cómo acabar la cosa y les dio por construir una especie de alegoría bíblico-extraterrestre que asustaría al mismísimo Iker Jiménez. Por si fuera poco, los FX son flojetes para una producción así (fíjense en las llamas hechas por ordenador del avión estrellado), y tampoco ofrecen nada visualmente emocionante.
El nivel de interpretación de Nicolas Cage, como su pelo: escaso e imprevisible. Los demás se benefician de tenerle al lado, pero ni con esas. Además, el resto de personajes podrían haberse hecho poniéndole ojos a unos calcetines en vez de usar actores y no se notaría mayor diferencia.
Pretenciosa y tramposa en su utilización del MacGuffin, Señales del futuro se estrella cuando intenta dar el salto del thriller de catástrofes a la ciencia-ficción más sesuda, si bien el tener que competir contra algo como Dragonball: Evolution será un punto a su favor. Y encima Rose Byrne sale feúcha, que también tiene delito.
Calificación: mala.




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