No sorprende a nadie ya el gusto de Hollywood por el remake, bien sea de películas hechas en Oriente, bien en el Antiguo Mundo o incluso revisitaciones de sus propias producciones, a veces tan recientes que asombra. La gran saga de este principio de siglo no podía quedar impune, y menos tras la adaptación escandinava del 2009, que descubrió al mundo la menuda figura de Noomi Rapace.

El comienzo nos presenta al periodista Mikael Blomkvist (Daniel Craig), editor de la revista Millennium, que ha sido acusado de difamación por uno de sus reportajes. Mientras espera el veredicto, el ex-director de una poderosa corporación, Henrik Vanger (Christopher Plummer) le encarga averiguar lo que pueda sobre la desaparición de su sobrina Harriet, acontecida cuarenta años atrás. Para aclarar los hechos, necesitará de todos los recursos posibles, incluyendo los servicios de una joven hacker llamada Lisbeth Salander (Rooney Mara).

Como servidor aún no ha leído la susodicha trilogía Millennium, se abstendrá precavidamente de hacer valoraciones sobre su fidelidad al libro. Y a pesar de haber visto las cintas suecas, también de establecer comparaciones sobre si Lisbeth tiene el tatuaje más molón en una versión o en otra o si Blomkvist debería llevar jerseys de punto o no. Baste decir que, como es habitual, el guionista y el director son los que deciden qué peso deben darle a cada aspecto de la trama, y dependerá del espectador lo que encuentre más satisfactorio.

En el caso que nos ocupa, Zaillan y Fincher han optado por la línea detectivesca, y por una estructura clásica de seguir pistas, hablar con gente y descubrir cosas gracias a la tecnología/inspiración/revelación divina, con lo mucho que esas cosas ralentizan el ritmo de la narración. Es verdad que así queda bien patente que muchas veces el trabajo de investigación se reduce a leerse ingentes cantidades de folios y a mirar con microscopio cada nimio detalle de una foto, pero a veces se echa en falta un poco de agilidad para contarlo o de meter tijera a tiempo. Si a eso se le añade la complicación del idioma en sí, yo me imagino que habrá gente que entre tanto Henrik, Gottfried, Bjurman, Vanger y demás, les parezca asistir a la presentación del nuevo catálogo de Ikea.

Mejora bastante la cosa cuando al fin los dos protagonistas se conocen y empiezan a interactuar, aunque sólo sea por el también clásico choque de personalidades, que sigue funcionando como el primer día. A nadie se le escapa que el verdadero atractivo de la trilogía de Larsson recae en sus personajes principales y muy especialmente en esa introvertida hacker gótica que ha encandilado a medio mundo. Rooney Mara partía con la desventaja de luchar contra la imagen tan fuertemente asociada a la de la sueca Noomi Rapace, pero sin embargo, su propio aspecto (mucho más aniñado y frágil) le confiere una interesante dimensión propia. Y ahí la tienen, que sin grandes estridencias le ha caído una nominación al Globo de Oro (que se acabó llevando Meryl Streep) y otra al Oscar.

Aún así, a pesar de la potencia del personaje, suficiente para sostener la película, queda la sensación de que hay fragmentos que se podían haber acortado (o eliminado) sin mayor perjuicio, y que hay otros que se deberían haber desarrollado mejor en estos 158 minutos. Con todo, el que se acerque a la sala disfrutará al menos de un aspecto técnico mucho más llamativo y a la altura de una gran superproducción: por lo menos tenemos la seguridad de que en ese sentido, Fincher rara vez decepciona.

Ficha en IMDb.

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