Mi nombre es Harvey Milk (Milk, 2008)
Título original: Milk.
Nacionalidad: USA.
Año: 2008.
Duración: 128 min.
Dirección: Gus Van Sant.
Guión: Dustin Lance Black.
Intérpretes: Sean Penn (Harvey Milk), Emile Hirsch (Cleve Jones), Josh Brolin (Dan White), Diego Lunan (Jack Lira), James Franco (Scott Smith), Alison Pill (Anne Kronenberg), Victor Garber (Alcalde George Moscone).
Producción: Bruce Cohen, Dan Jinks y Michael London.
Música: Danny Elfman.
Fotografía: Harris Savides.
Montaje: Elliot Graham.
Diseño de producción: Bill Groom.
Nada menos que 8 nominaciones a los Oscar acumula el biopic de Harvey Milk, y sin embargo, a mí me cuesta mucho pensar que todos sean de verdad merecidos. Eso sí, hay que reconocer que una pareja a priori tan aterradora como la formada por Gus Van Sant y Sean Penn podría haber hecho algo muchísimo, muchísimo peor.
Milk, como titula el original inglés, no tiene nada que ver con el mundo de los lecheros ni de las vacas, sino con el primer hombre abiertamente homosexual en ser elegido para un puesto público en los USA. Así, la narración parte desde el encuentro de Harvey Milk (Sean Penn) con su primera pareja, Scott (James Franco) y su mudanza desde Nueva York al barrio de Castro, donde acabará liderando el movimiento por los derechos civiles de los gays.
Gus Van Sant opta por un estilo cercano al documental, y para eso no duda en jalonar la narración de mucho material de archivo, que, aunque no siempre le queda bien, sí que ayuda a la veracidad del conjunto. Aún así, Van Sant tampoco se priva de algún plano creativo, como el de Milk conversando con un agente de policía, reflejados en la superficie plateada de un silbato o la imagen de Sean Penn en un ventanal a través del cual ve el teatro donde representan Tosca.
En realidad, esos pequeños toques son los que hacen que nos demos cuenta de que estamos viendo una película, porque la realización de Van Sant es tremendamente anodina y sin brío. Casi todo lo que vemos en pantalla es de una frialdad tremenda, y no por estar carente de momentos emocionantes, al contrario. Los hay, pero todos ellos se deben a lo que nos cuentan, y nunca a cómo nos lo cuentan. A este paso, la próxima nominación le cae por el vídeo de una boda.
Afortunadamente, Sean Penn realiza un gran trabajo (sin necesidad de inacabables planos de su entrecejo), y es lo que acaba por sacar la película adelante, habida cuenta de que las únicas escenas en las que no sale son las de archivo. Ahora, lo que tiene mérito es lo de Josh Brolin, que se ha hecho con una nominación teniendo que lidiar con un papel que, a pesar de su importancia vital en la trama, está francamente mal tratado. Como el resto de secundarios, que, salvo Milk, son todos.
En fin, demasiado premio para lo que nos ofrece Van Sant, más parecido a un telefilme que a una gran producción de Hollywood: da la impresión de que el término “independiente” tiene que significar “cutre”. Imagínense cómo será la cosa, que hasta la banda sonora de Danny Elfman (también nominado, ojo) es de las pocas que no recuerda a Bitelchús.
Calificación: regular.
- Por Loberto a las 01:49 pm
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- Cine + Críticas + Gus Van Sant + Josh Brolin + Mi nombre es Harvey Milk + Sean Penn
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