Muchas esperanzas estaban puestas en esta secuela del Vengador de armadura roja y dorada, después del éxito de su primera parte, basado sobre todo en el carismático Tony Stark creado por un Robert Downey Jr. cada vez más al alza. Quizás esa sea la mayor virtud de Iron Man 2, y a la vez, su mayor defecto.

Tras los acontecimientos narrados en su precursora, Iron Man 2 arranca con un Tony Stark (Robert Downey Jr.) en su mejor momento: reconocer que él es el creador y piloto de la armadura le ha granjeado la admiración de la gente. Eso sí, el éxito de su creación pone nerviosos tanto al ejército como a su rival Justin Hammer (Sam Rockwell), que desean poseer esa tecnología a cualquier precio. Aunque eso signifique aliarse con sujetos peligrosos como Ivan Vanko (Mickey Rourke), obsesionado con destruir a Stark.

Decía yo que la mayor virtud de Iron Man 2 era también su mayor problema, porque en esta secuela no parece haber mucho que contar que justifique dos horitas de metraje. Así que se opta por rellenar a base de meter personajes nuevos y sobre todo, dándole rienda suelta al Stark más excéntrico y pasado de rosca, que lo mismo descubre un elemento nuevo que participa en una carrera de coches por Mónaco. Esto hace que no quede mucho tiempo para que el público se interese por el resto de gente que pulula por la pantalla, excepción del sector al que le gusta el cuero bien ceñido, ya saben.

Así que si ya en la primera teníamos un villano algo flojucho como Jeff Bridges, aquí el peso antagonista se reparte entre un Sam Rockwell demasiado histriónico y un Mickey Rourke que impone más por lo deteriorado de su físico que por su propia enjundia como malo. En consecuencia, seguimos echando en falta un rival de peso, que es lo que hace falta cuando el prota es poco menos que un arsenal andante.

También hay alguna caída de ritmo por el medio, y quizás el final no alcanza las cotas de espectacularidad que debiera, pero en general, la acción está bastante bien resuelta y, cosa no demasiado habitual hoy en día, puede seguirse más o menos bien. Un minipunto para Jon Favreau, que de nuevo se permite el lujo de intepretar a la mano derecha de Stark.

En resumen, una secuela que se deja ver con agrado, pero que no aporta nada nuevo salvo dinero fresco a sus participantes, y que ya invita con poca delicadeza a esperar las pertinentes películas sobre el Capitán América, Thor y Vengadores en general, a través de pistas no muy sutiles. Mientras tanto, en Iron Man 2 encontrarán respuestas a las preguntas fundamentales de la vida, como la de ¿cómo hace pis Iron Man?

Ficha en IMDb.

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