Invictus (Invictus, 2009)
Si son ustedes fieles seguidores de ERT (si no lo son, aún no es tarde para añadirnos a sus favoritos), recordarán Distrito 9, aquella cinta de Sci-Fi en la que se introducían referencias más que obvias al Apartheid. Pues bien, uno de sus problemas evidentes era que, a pesar de que muchos dijeron lo contrario, resultaba imposible comparar su argumento con un conflicto con tantísimas aristas sociales y políticas. Salvando las evidentes distancias, a Clint Eastwood le ha pasado algo parecido.
Estamos en 1994. Nelson Mandela (Morgan Freeman), tras una penosa estancia de 27 años en prisión, es elegido democráticamente presidente de Sudáfrica. Como antiguo líder del CNA sabe mejor que nadie el sentimiento de odio y de revancha que siente la población negra ante los afrikaners, así que se le ocurre lo impensable. Si se quieren solventar las diferencias entre los dos bandos, los Springboks, equipo nacional de rugby, capitaneados por François Piennar (Matt Damon), y máximo orgullo blanco, han de ganar el mundial celebrado en Sudáfrica.
Resulta casi imposible evaluar el logro de Mandela (uno de tantos, pero verdaderamente importante) viendo Invictus. Porque Invictus parece ante todo una película de deporte como otras mil, aunque el trasfondo histórico sea tan poderoso. En todo momento se tiene la sensación de que el partido contra los All Blacks es fundamental para la futura estabilidad del país, pero no se llega más que a rascar la superficie. Y no es que Eastwood no haya demostrado sobradamente su talento para narrar historias, pero la complejidad de esta se le escapa, más que por su culpa, porque no es factible condensar en dos horas y media todo el trasfondo social de una época tan convulsa y la astucia de “Madiba” para ganar a los blancos en su propio terreno, incluso hablando su lengua.
El caso es que tampoco como película de deporte es demasiado inspiradora, porque no se sabe bien el motivo por el que los Boks pasan de no ganar ni a las chapas a ser un equipo poderoso. Es evidente que poner a Damon dando discursos a lo William Wallace sería faltar a la verdad, pero no parece que su personaje aporte demasiado. Eso sí, hace dominadas como un bestia. Hay que verle. En cuanto a los partidos en sí, su aspecto es correcto, pero que nadie se espere Un domingo cualquiera. Con todo, funcionan bien, sobre todo cuando sale Jonah Lomu (Isaac Feau’nati) en cámara lenta. Verle embestir de frente debe ser como darte cuenta de que un camión se ha saltado el semáforo cuando tú cruzabas la calle. Terror primigenio. Me imagino esto en 3D.
Invictus tampoco carece de emotividad, a veces genuina (la visita a Robben Island o los clínic con los niños) y a veces algo más forzada (las canciones convenientemente subtituladas), pero que siempre dejan un poso esperanzador.
La atracción principal, con todo, es ver a Morgan Freeman haciendo de Mandela, cuyo parecido físico es escaso, pero que adopta sus tics físicos, como esa forma pausada de caminar o su clásico saludo con la mano derecha. Incluso el gesto de la boca. Sobre la voz, tendrán que recurrir a la versión original, claro. Yo no puedo aportarles más información. Matt Damon, también muy cambiado físicamente, cumple con dignidad, aunque no tenga un papel muy lucido.
Sorprenderá a los que piensan que el deporte profesional es el opio de las masas y que resulta carente de repercusión en las auténticas vicisitudes de la vida, así que es de visión obligada para aquellos que se rieron cuando Gorbachov aplaudió a Rocky.
- Por Loberto a las 02:14 pm
- 5 Comentarios.
- Cine + Críticas + Apartheid + Clint Eastwood + Invictus + Jonah Lomu + Matt Damon + Morgan Freeman + Nelson Mandela
- TrackBack URI




Escrito en 
Escrito en 
Escrito en 
me dijeron que es exelente la actuación de Morgan..
Clint Eastwood es un fuera de serie. Todo lo que he visto de él, me ha gustado.
SE ve interesante la película, habra que verla para dar más críticas o comentarios pero promete bastante.
Me ha dejado un poco ploff tu crítica. La verdad es que es la proxima película que tengo pensado ver
Que no te eche para atrás la crítica. Es una película muy digna y que sin duda merece la pena aunque sea sólo por interesarse en la historia que cuenta.
A mí me pareció que le faltaba profundidad, pero también me parece inevitable porque el cine es como es, y a veces hay que sacrificar unos aspectos para poder incluir otros.
Como siempre, lo mejor es ir en persona y hacer la lectura que uno quiera.