Floja y con un efecto 3D lamentable: en pocas palabras, esa es la consideración general que ha recibido esta nueva versión del clásico de Desmond Davis, que siendo sinceros, tampoco era ninguna maravilla, aunque lo recordemos con sonrisa nostálgica.

En esta revisitación resulta que el mismísimo Zeus (Liam Neeson) anda mosca con el pueblo de Argos porque ya no cantan sus alabanzas, y eso, por lo visto, hace que pierda su poder divino (?). Hades (Ralph Fiennes) se ofrece para liberar al invencible Kraken y arrasar la ciudad como lección para la Humanidad, pero héte aquí que Perseo (Sam Worthington), cuya familia resultó muerta en un ataque del propio señor del Inframundo, busca venganza. Así que con la ayuda de la misteriosa Ío (Gemma Arterton) y de unos pretorianos de Argos comandados por Draco (Mads Mikkelsen), Perseo se pone en marcha para enfrentarse al panteón olímpico.

A partir de aquí, Furia de titanes se resume en acción y chistes malos, cosa que funcionaba quizás en Arma Letal, pero que no parece casar muy bien con la mitología griega. Y es que con personajes en los que se tarda más en describir su aspecto físico que su personalidad, poco se puede hacer, claro.

El guión tampoco se esmera mucho más en la historia, y entre unas peleas y otras, que en general están bastante mal rodadas (no olvidemos que el director es responsable de perpetrar engendros como Transporter 2 o El increíble Hulk), los guionistas, nada menos que tres, rellenan como pueden: una aparición por aquí de Zeus, una aparición por allá de un Djinn… Respecto a estos últimos, yo no me los imaginaba así, pero parecen ser un cruce entre Bárbol y Megatron, con muchos dones excepto el de la palabra.

Hasta los homenajes a la obra original son bastante descuidados y torpes. Por ejemplo, a estas alturas ya sabrán todos que aparece Bubo, el búho mecánico. Pues en vez de perder cinco minutos pensando cómo encajarlo, cuando Perseo pregunta qué es, lo despachan con un simple “no preguntes”. Hala, a otra cosa. Pero es que todo es así en esta cinta. “Perseo, la espada es un regalo de los dioses; úsala”. “Es que yo quiero vencerles como humano”. “No puedes, son dioses, úsala”. “Que no quiero, que les quiero vencer como humano”. Cuando al fin se decide a usarla imaginen ustedes cómo han acabado ya sus pobres compañeros.

Hablando de los compañeros de Perseo, posiblemente Mads Mikkelsen (el banquero aquél que lloraba sangre en Casino Royale, sí) sea el único que hace un mínimo esfuerzo por demostrar dignidad con su personaje. Liam Neeson, entre la barba cutre y la armadura de Caballero del Zodíaco no hay quien se lo crea y Ralph Fiennes directamente debería devolver el dinero que haya cobrado por esta película. La parte femenina es aún peor, aunque la Arteton y Davalos sean la mar de monas, y Sam Worthington, en fin, que hay que enterarse de quién es su padrino, porque ha de ser harto complicado llegar tan alto con tan poquito (recuerdos a Nicolas Cage).

Los efectos especiales cumplen bien, a pesar de no ser una megasuperproducción, y el prólogo con las constelaciones no está del todo mal. Lo demás no merece mucho la pena. Y eso sí, mención especial para la conversión a 3D, penosa y que resulta una tomadura de pelo. Procuren alejarse de ella, aunque no se apelliden Harryhausen.

Ficha en IMDb.

Web oficial.