Título original: 2012.
Nacionalidad: USA y Canadá.
Año: 2009.
Duración: 158 min.
Dirección: Roland Emmerich.
Guión: Roland Emmerich y Harald Kloser.
Intérpretes: John Cusack (Jackson Curtis), Amanda Peet (Kate Curtis), Chiwetel Ejiofor (Adrian Helmsley), Thandie Newton (Laura Wilson), Oliver Platt (Carl Anheuser), Tom McCarthy (Gordon Silberman), Woody Harrelson (Charlie Frost), Danny Glover (presidente Thomas Wilson).
Producción: Roland Emmerich , Larry J. Franco y Harald Kloser.
Música: Harald Kloser y Thomas Wander.
Fotografía: Dean Semler.
Montaje: David Brenner y Peter S. Elliot.
Diseño de producción: Barry Chusid.

La de juego que está dando el año 2012: no sólo se cumplen cien años del hundimiento del Titanic o doscientos de La Pepa, sino que llegamos al final de la cuenta larga del calendario maya, lo que algunos interpretan como el fin de los tiempos. Como lo del Titanic ya se ha hecho y lo de la Constitución de Cádiz no atraería demasiado al público internacional, Roland Emmerich aprovecha para acabar de machacar el mundo, y esta vez a conciencia.

En medio de toda la devastación está Curtis Jackson (John Cusack), un escritor venido a menos que tendrá que unir fuerzas con su ex-esposa Kate (Amanda Peet) y su actual marido, Gordon (Thomas McCarthy) para llegar a una de las arcas donde los gobiernos mundiales intentan preservar la vida de la Tierra. La parte científica de todo el cotarro viene de la mano del doctor Adrian Helmsley (Chiwetel Ejiofor), que irá viendo cómo se va todo al garete antes de lo previsto, aunque por el medio todavía tendrá tiempo a conocer a Laura Wilson (Thandie Newton), hija del presidente de los USA, Thomas Wilson (Danny Glover).

Emmerich sigue al pie de la letra el manual de sus otras catástrofes globales: los científicos preocupados por el planeta y que apenas son escuchados hasta que es tarde; el padre que ha de volver a ganarse el cariño de su hijo; el amor que surge en la situación más inesperada; el discurso de turno sobre que a pesar de nuestras diferencias todos somos iguales (sobre todo ante el impacto de una ola de varios kilómetros de altura)… Y más que nunca, el destino funesto de millones de personas que encuentran el fin de las maneras más terribles imaginables: grietas, terremotos, derrumbes, megatsunamis, volcanes… Vamos, que sólo se echa de menos a Chuck Norris cabreado.

Precisamente, el verdadero espectáculo consiste en ese horror de ver California tragada por las aguas (minutos después de que Gobernator diga en rueda de prensa que no hay peligro), o la caldera de Yellowstone explotando con inusitada furia. El Himalaya, Río de Janeiro, Roma, la Kaaba, India, Hawaii… nada se libra de la furia de la Naturaleza, llevándose por delante a cienes y cienes, que dirían Faemino y Cansado.

Tanto exceso visual, acaba teniendo un precio, y es que después de dos horas y media de ver todo saltar por los aires, el clímax final se queda bastante por debajo, forzando situaciones un tanto ridículas para introducir algo de tensión a una cinta que se va desinflando por momentos, y que se resiente también del intento por atar los cabos sueltos que quedan a base de cargarse más gente aún.

Sin embargo, como cinta apocalíptica, no cabe duda de que Emmerich ha ido todo lo lejos que le ha permitido el holgado presupuesto y la tecnología actual para mostrar un auténtico infierno para la sufrida humanidad, y sobre todo, para las películas rivales, como indican las cifras de taquilla. Así que ya saben lo que nos espera si el planeta se cabrea: como dice uno de los personajes, “¿no cabrea un poco pensar que los agoreros tenían razón?”.

Calificación: regular.

Ficha en IMDb.

Web oficial en español.