
Los que nos sigan con cierta frecuencia sabrán lo mucho que nos gustan los tráileres. Hay veces, quizás más de las deseables, que el propio avance nos induce a tener una idea equivocada de la película. Bunraku pertenece a este grupo. Su tráiler parecía apuntar a la típica producción rara, pero simpática. Hay que reconocer que nos equivocamos: Bunraku no es ni siquiera simpática.
Estamos en un futuro post-apocalíptico en el que no existen las armas de fuego, pero por alguna razón siguen existiendo imperios criminales como el de Nicola (Ron Perlman) y sus asesinos. Pero héte aquí que no solamente uno, no, sino hasta dos hombres misteriosos, encarnados por una especie de cowboy sin nombre (Josh Hartnett) y un samurai japonés llamado Yoshi (Gackt) acabarán uniendo fuerzas para enfentarse a ese reino del terror. Como ven, nada nuevo bajo el sol.
Bunraku, cuyo nombre hace referencia al teatro de marionetas japonés, no es más que un western en el que los protagonistas van a ir zurrando a lacayos hasta llegar al final boss Nicola, una especie de cavernícola filósofo que le lanza hachas de mano a la gente. Hasta aquí, todo más que visto. Lo realmente novedoso, pues, es la estética, en la que los decorados son unos dioramas, dándole a todo el conjunto un aspecto muy comiquero.
Y realmente, el prólogo, que es donde más partido se saca a este peculiar estilo visual, llega a ser interesante a pesar de una continua voz en off que nos pone en antecedentes. El problema es que tras esos cinco minutos, la película ya ha dado todo lo que podría ofrecer, y aún quedan otras dos horas por delante.
Porque sí, una historia simple como el vocabulario del Correcaminos se alarga hasta la desesperación con peleas que, salvo algún momento inspirado (el rescate de la prisión) carecen de la más mínima espectacularidad y emoción. Yo me pregunto de qué sirve tener nueve asesinos megatemibles, si al final Harnett se los ventila en dos puñetazos. Pero claro, lo peor es cuando ya no hay tollinas y los personajes se ven obligados a rellenar los interludios hablando. Sería más facil encontrar pensamientos profundos en diez minutos de La Noria que en todo el rato que dura Bunraku.
Y es que el “cuidado” retratando a los protas se deja sentir en cada ocasión. Vean algún ejemplo. Resulta que Harnett, como es “muy rápido con las manos” no sólo puede ganar a las cartas a cualquiera, sino también molerle a palos. Por si acaso, yo les advierto que tengan cuidado con Juan Tamariz. Demi Moore, que sale muy guapa en algunos planos, aparece unos cinco minutos para luego desaparecer de forma inesperada, más que nada porque no tiene peso ninguno en la trama. Pero el que se lleva la palma es Perlman: que la naturaleza no le dotó de físico de galán es más que evidente, pero entre esos pelos que le darían grima a Mickey Rourke y las frases que le han tocado pronunciar, cada vez que entra en escena uno se echa las manos a la cabeza.
Para qué seguir, la verdad. Es muy aburrida, la narración no tiene ritmo ninguno, las peleas carecen de la menor gracia y los pocos aciertos visuales quedan sepultados bajo un metraje disparatado. Si aún así les llama la atención, véanse el tráiler tres o cuatro veces: no sólo se les quitarán las ganas, sino que todavía habrán ganado tiempo.
Ficha en IMDb.
Web oficial.